La inteligencia emocional implica el conocimiento y manejo de las emociones para en definitiva saberlas expresar de forma adecuada. Las emociones nos hacen expresar el amor, la alegría..etc, aunque también otras menos agradables como la rabia, el odio, el miedo, el dolor… La intensidad con la que vivamos cada una de las emociones, y la incapacidad de controlarla o anularla en algún momento, puede generarnos problemas.
El caso concreto de la ira, podemos por ejemplo gritar a una persona hasta hacerla llorar, una crítica fuera de lugar, soportar ruidos en el jardín de los vecinos…etc. Saber expresar y/o canalizar esta emoción y dejar el descontrol sin hacer daño a los demás ni a uno mismo, es un objetivo a alcanzar.
Después, desde la calma, podemos apuntar las veces y los motivos de esa ira, y luego “en frío”, recapacitar sobre nuestras emociones. Otra cosa muy importante es no tapar esta emoción, sino canalizarla, por ejemplo practicando un deporte, cantar, pintar o cualquier otra actividad que nos permita descargar la energía física y mental, transformando la fuerza de negativa a positiva.
Por último, dado que es imposible tener todo bajo control, ayuda mucho introducir pequeños desordenes voluntarios ayudándonos poco a poco el maravilloso mundo de la flexibilidad.
“La cólera perjudica el sosiego de la vida y la salud del cuerpo, ofusca el juicio y ciega la razón”- Denis Diderot.


