Respirar bien es una fuente inagotable de beneficios. Para un momento, y dedícate unos minutos, de esta manera aumentarás tu vitalidad mental y física, ayudando a gestionar tu equilibrio emocional.
Si sientes miedo, se hace más difícil respirar, como si te quedaras sin aire. Si hay ansiedad, la respiración es rápida y no profunda. Si lo que te pasa es que estás triste, respiras muy lento y profundo, de ahí que haya mucha frecuencia de suspiros. Cuando estás estresad@, la respiración es entrecortada…, etc.
Siéntate tranquilamente en una silla o en el suelo, donde estés más cómod@, y sitúa los dorsos de tus manos sobre los muslos. Desde esta posición, realizaremos respiraciones lentas y profundas, intentando olvidarte de todo y relajarte cada vez más. La inspiración por la nariz y la espiración puede ser por la boca o por la nariz. Es muy importante que cuando inspiremos, hinchemos el abdomen con nuestro aire, y cuando espiremos los deshinchemos, intentando a su vez, que el pecho se mueva lo menos posible. Al final de cada respiración, retén el aire unos 4 segundos antes de espirar, después espira tranquilamente.
Sin duda, si practicas a menudo esta respiración, mejorarás tu relajación.
A por ello ! Date un respiro.


