“Es maravilloso el poder del que nunca desespera” – Daniel Payot“
Puede que sí, puede que no….
Dominad@s por el miedo y la inseguridad, la existencia transcurre buscando incansablemente una seguridad imposible, que nunca se encuentra.
Nos decimos a nosotr@s mismos “Si me toca la lotería…, si encuentro a la pareja ideal…, si consigo el trabajo de mi vida…, ….entonces me sentiré segur@ y feliz”. Pero no ocurre así. Todos esos apegos y falsas inseguridades, no proporcionan verdadera seguridad, porque la búsqueda de ella en este mundo, es una quimera, mientras no renunciemos a los apegos a las cosas.
¿Dónde está la solución a nuestra inseguridad?
En aprender a vivir cada día intensamente, saciados por la inagotable seguridad que proporciona la incertidumbre.
Cuando nos aferramos desesperadamente a la búsqueda de lo seguro y cierto, nos limitamos y ceñimos al apego de lo conocido, nuestro pasado. Lo que ya es y no puede dejar de ser, y no admite ninguna novedad, por tanto, es fijación y estancamiento. Las personas somos presente y futuro, y en el futuro lo encontramos incierto, desconocido e inseguro.
Sin la incertidumbre, sin la inseguridad permanente que debemos saber disfrutar, seríamos víctimas de nuestro pasado, y nuestra vida se reduciría a repetir constantemente el disco rayado de una existencia monótona y gris. La sabiduría de la incertidumbre, de lo desconocido, nos rescata de la tristeza y la desesperanza, pues así, la incertidumbre se convierte en permanente esperanza.
El máximo de seguridad a la que es posible aspirar, consiste en vivir disfrutando en plenitud esa incertidumbre forzosa, pero en la que todo es posible, la alegría de vivir y todas las nuevas emociones.
Cada día nos regala un nuevo amanecer de una madrugada distinta. El desapego y la no-dependencia de la seguridad, nos libran del miedo. Si nos apegamos a algo, si necesitamos esa seguridad imposible, hasta el punto que un acontecimiento condicione nuestra estabilidad y nuestra vida, eso nos hace esclav@s, temeros@s, infelices e insegur@s, limitándonos en todos los aspectos.
No dejemos de reflexionar sobre la gran verdad que encierra la afirmación “la mayor seguridad a que podemos aspirar es aprender a vivir y a disfrutar de las inmensas posibilidades que nos depara la inseguridad y la incertidumbre que nos acompaña desde que nacemos”.
Tenemos tendencia a fijarnos más en lo negativo, a las malas noticias. A nuestro cerebro programado para sobrevivir, le gustan más, porque le parecen “más serias” y dignas de atención. También memorizamos mejor las noticias amenazantes, peligrosas o tristes, y lo justificamos todo creyendo que estamos siendo realistas.
Te propongo unas rutinas:
1 – Observa a lo largo del día, si te dejas llevar por esta forma de pensar automática e inconsciente, y anótalo.
2 – Sonríe, aunque no tengas ganas. Cuanto más desafíes a tu negatividad, mejor te sientes y haces sentir a los demás. También generas una química del bienestar que te hace sentir mejor. El cerebro genera dopamina, los músculos se relajan y la respiración se calma. De esta manera empezarás a cambiar de humor, y así, querer estar de buen humor, ayuda a estarlo de verdad. Anota cuántas veces en el día te has dado cuenta y has sonreído.
¿De qué te has dado cuenta?
¿Qué has sentido?
¿Cómo puedes incorporar estos hábitos?
¿Qué beneficios te aportarán?
Cuéntame cómo te va con estas rutinas.
Feliz si compartes conmigo.


